Nadie pone en duda que hablar de la música en Cuba es adentrarse en un frondoso territorio en el que la dulce herencia caribeña, la vitalidad rítmica africana y el lirismo europeo han dado lugar a una sensacional diversidad de tradiciones y estilos, tan sensuales y complejos, como cerebrales y apasionados. Dualidad que explica tanto la gran fascinación que por la música cubana han sentido artistas de todo el mundo, como por la naturalidad con que los músicos de la isla han incorporado incansablemente elementos extranjeros, demostrando que siempre están alerta ante las tendencias y los movimientos internacionales, que más que imitar, consiguen expresar con originalidad y sin renunciar a su identidad caribeña.
Cuando un país se convierte en foco de todas las miradas como es el caso de Cuba, tanto por cuestiones políticas, como por la masiva presencia del turismo, puede ocurrir (como ya sucedió en los sesenta con la España de los toros y la paella) que su cultura se convierta en un producto de consumo masivo, lo que obliga a simplificaciones y deformaciones que fortalezcan el carácter rural o tradicional que la hagan parecer exótica y folclórica a un tiempo.
Hoy más que un disco hablamos de una guía amena y didáctica por La Habana contemporánea, más allá de los automóviles de mediados de siglo, las arengas marxistas y las increpaciones al Imperio. Una Habana en la que conviven funk, rock, jazz o hip hop con el son, el guacuancó o la rumba, fundiéndose en melodías y proyectos que muestran la constante renovación de la música cubana. Una nueva generación que entre otros abandera Equis Alfonso, con un cuarto disco "Civilización" alegre, misterioso, bailable y elegante. Atmósferas bochornosas y electrónica dulzona que harán que el sudor al bailar te sepa a ron.
DJ CUCURUCHO
